Cuando llevas 20 años digitalizando empresas, acabas con una cartera muy variada. Manufactura, distribución, servicios profesionales, retail, inmobiliaria. De todo. Y esa amplitud se siente como una virtud. Como una señal de que eres adaptable, versátil, un consultor que sabe aplicar la tecnología en cualquier contexto.
Hasta que te das cuenta de que la versatilidad tiene un precio.
El precio es que no te conviertes en el mejor en nada. Eres suficientemente bueno en muchas cosas. Y "suficientemente bueno" no te distingue. No te hace memorable. No te convierte en la referencia que llama a alguien cuando tiene un problema específico y complicado.
La revelación que tardé demasiado en tener
Después de años digitalizando empresas de sectores distintos, me di cuenta de algo que debería haber visto antes: en construcción y en energía, el caos operativo no es una queja. Es el estado natural.
En otros sectores, cuando hay desorden en los procesos, es una anomalía. Algo que se corrige y punto. En construcción y en energía, el desorden está integrado en la forma de trabajar. Forma parte de la cultura. Se ha normalizado hasta el punto de que nadie lo ve como un problema que se puede resolver. Lo ven como "así es esto".
Los proyectos se alargan porque nadie controla la línea crítica en tiempo real. Los márgenes se devoran a mitad de obra sin que nadie lo vea venir. Los equipos se sobrecargan o se quedan sin trabajo de un día para otro porque la planificación no tiene datos fiables. Y cuando entra un proyecto nuevo, la decisión de aceptarlo o no se toma a instinto, porque los datos que permitirían tomar esa decisión con cabeza no existen o están en 15 Excels que nadie ha cuadrado.
Eso no es mala suerte. Es falta de sistema.
Por qué nadie lo está resolviendo de verdad
Hay mucho software de gestión de obras. Hay ERPs para construcción, plataformas BIM, herramientas de planificación. El mercado no tiene escasez de tecnología.
Lo que hay escasez es de consultores que entiendan el negocio primero y la herramienta después.
El jefe de obra que lleva 15 años haciendo las cosas de una manera no va a cambiar porque alguien le instale un software y le dé una formación de dos días. Va a cambiar cuando vea que el sistema resuelve problemas reales que él tiene hoy. Cuando el sistema le facilita la vida en lugar de añadirle pasos. Cuando el CEO empieza a tomar decisiones con los datos del sistema y eso cambia la dinámica de todo el equipo.
Para llegar ahí hace falta alguien que haya estado en obras. Que sepa lo que es un parte de trabajo en papel que llega por WhatsApp el jueves para cuadrar el Excel del viernes. Que entienda por qué el director de operaciones desconfía de cualquier dashboard que no haya construido él mismo.
Yo soy ese alguien. Para construcción y para energía.
El coste de especializarse
No voy a fingir que la decisión fue fácil. Especializarse significa decir que no a proyectos. Significa perder clientes que no son del sector objetivo. Significa apostar por una estrategia que tarda meses en dar frutos.
El miedo que tienes cuando te especializas es este: "¿y si el mercado de construcción y energía no es suficientemente grande para sostener el negocio?"
La respuesta, vista desde el otro lado, es obvia. Construcción es el mayor sector industrial de España. Energía renovable está en plena expansión y va a seguir así durante dos décadas. Los dos juntos son un mercado enorme, con empresas que tienen presupuestos reales y problemas reales que resolver.
Y casi nadie está haciendo lo que nosotros hacemos en esos dos sectores. Casi nadie con 20 años de experiencia acumulada, con el reconocimiento de ser el mejor partner Smartsheet del mundo, y con una metodología probada para que las implementaciones funcionen de verdad.
La lección: El consultor generalista puede trabajar para cualquier cliente. El especialista trabaja para los clientes que tienen exactamente su problema. Y esos clientes lo buscan a él, no al revés.
Dónde duele exactamente
En construcción, el dolor está en tres sitios concretos. El control de obra en tiempo real: saber hoy, no el lunes, cómo van los márgenes de cada proyecto activo. La coordinación con subcontratas: tener visibilidad de 8, 10, 15 empresas externas trabajando simultáneamente en un proyecto sin perder el hilo. Y la rentabilidad por proyecto: saber qué obra gana dinero y cuál lo pierde antes de que la obra acabe.
En energía renovable, el dolor es similar pero con escala. Un director de operaciones de una empresa con 40 instalaciones fotovoltaicas no puede gestionar eso con Excel. Necesita saber en tiempo real qué instalaciones van retrasadas, cuáles tienen incidencias, dónde hay riesgo de penalización. Y necesita saberlo antes de que el cliente se lo diga.
Esos son los problemas que yo sé resolver. Y los sé resolver porque llevo años dentro, no mirando desde fuera.
Lo que cambió cuando decidí especializarme
Las conversaciones cambiaron. Antes, cuando hablaba con un director de operaciones de una constructora, tenía que ganarse su confianza explicando que, aunque venía de fuera, entendía su sector. Esa parte de la conversación, la de demostrar que entiendes el contexto, consume tiempo y energía.
Ahora, cuando digo que llevo 20 años en construcción y energía y que en 2025 ganamos el premio mundial de Smartsheet en Seattle precisamente por un proyecto de construcción, esa parte desaparece. No hay que convencer de que entiendo el sector. Lo que hay que discutir es cómo resolvemos su problema concreto.
Esa es la diferencia que justifica la especialización. No el prestigio. La eficiencia. El tiempo que no gastas en demostrar lo que ya sabes.
¿Gestionas proyectos en construcción o energía?
Si lo que describes en los pasillos de tu empresa suena a lo que cuento aquí, hablamos. 30 minutos para ver si hay algo que resolver juntos.
Hablamos
Chemi Pérez